
Hace unas semanas, paseando por Venecia, me vino a la memoria el recuerdo de un documental en el que unos operarios se afanaban en limpiar las paredes de canales previamente vaciados de agua. Dos grandes exclusas en los extremos impedían la entrada del agua durante unas horas en las que los viandantes tenían el privilegio de observar qué se esconde debajo del agua, la misteriosa parte de muro siempre cubierta.
Una visión única, que pocas veces se tiene la oportunidad de disfrutar. Entre otras cosas, se vislumbran los cimientos de los palacios, algunos de piedra recia, otros apenas erguidos gracias a una precaria junta de maderos pero, sobre todo, hay barro, mucho barro que ha sido esencial en la supervivencia de esa gran y única creación que es la ciudad de Venecia.
El fango ejerce de capa protectora sobre la madera que ha sostenido durante siglos gran parte de la ciudad, actúa contra las bacterias y evita la erosión provocada por el contacto perpetuo con el agua. Además de los cimientos, el catálogo de objetos encontrados cuando se acometen limpiezas de este tipo es variado y extravagante: monedas de todos los siglos, bombas de la guerrra, espadas, electrodomésticos, documentos de particulares…
Limpiar los canales formados por 118 islas es además de un proceso carísimo algo que no puede hacerse sin alterar el ritmo de una ciudad en la que ambulancias y servicios funerarios van en barca. Como señalaba un artículo del New York Times en 1995, momento en el que se realizó una de las últimas grandes limpiezas, uno de los gremios más perjudicados por estas labores es el de los gondoleros. Su supervivencia (250 euros por trayecto de una hora, según escuché en una negociación) depende de la disponibilidad de canales abiertos al “tráfico”.
Las limpiezas tienen una doble función, por un lado descubrir hasta qué punto algunos de los edificios más erosionados tienen los cimientos en su sitio para así restaurarlos y, por otro, liberar de barro maloliente algunos de los canales más recónditos, en los que la combinación de agua estancada y suciedad provocan, sobre todo en verano, un olor muy desagradable.
Los cimientos de la ciudad al descubierto (italiano)
*gracias Javi por el vídeo y a poluche por el nyt
Muy bueno el tema, más que bueno: apasionante. ¡Has arrancado con fuerza!
siempre me pareció apasionante el concepto de una ciudad estructurada sobre el agua y no sobra la tierra! muy buen artículo
Sei un bravo scrittore!
Muy buen documental referido a la construcción en terrenos con aguas estancadas y fango con pilotes de madera. Ténica conocida desde el neolítico y vigente. La madera se conserva bien sin oxigeno. Se modifica con una fermentacion anaerobica y mantiene su estructura. Algunos de esos pilotes tienen mas de 700años y funcionan. Si llegan a los 10 mil años se hablaria de madera fósil (mineralizada).
Hay muchas obras arquitectonicas fundadas sobre pilotes.
En las ruinas de Tenochtitlan tambien pueden verse pilotes de madera en sus cimientos.
Muy bueno e interesante este punto de vista de venecia.