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15 julio 2009 / germansierra

Sobre gatos y ruinas

torreargentina

Me sentía un poco mal sin dedicarle uno de mis primeros post a Roma, mi ciudad de acogida. Empezaré hablando de un lugar bastante atípico, el área sagrada de Torre Argentina. Atípico porque siendo un conjunto de ruinas, nada particular o reseñable si no fuera porque allí murió apuñalado Julio Cesar en el 44 a.C, acoge una reserva de gatos protegidos por una asociación compuesta de voluntarios extranjeros que velan por su salud y bienestar.

Más de 250 felinos campan a sus anchas por un conjunto laberíntico de piedras con más de 2.000 años de historia. Columnas, arcos, fosos y escalinatas se han convertido en el hogar de estos animales tan apreciados en Roma. Basta pasear por el centro para comprobar en los puestos de venta ambulante que, junto a los calendarios con el Vaticano o los monumentos de Roma, siempre hay en venta uno con el título “Gatos Romanos”, como si esta condición los hiciera más especiales que a los gatos parisinos o madrileños.

Entre la población de gatos los hay criados in situ, incorporaciones llegadas por su propio pie y felinos maltratados o malheridos que han encontrado refugio en los que fuera el Teatro de Pompeyo. Muchos gatos están de pasada. Pertenecen a otras colonias de la ciudad y son trasladados a Torre Argentina para ser curados o vacunados. Otra de las características del lugar es que los visitantes pueden adoptar al gato de su agrado. Según la web de la asociación algunos han dado con sus huesos en Australia o Estados Unidos.

Los restos de Torre Argentina, enclavados en el centro mismo de la ciudad, entre las iglesias de Sant’ Andrea della Valle y Il Gesù salieron a la luz en 1929, mientras se realizaban excavaciones ordenadas por Mussolini con el objeto de reurbanizar la zona. Desde el primer momento se convirtieron en refugio improvisado para los gatos callejeros. Con el nombre de gattare se bautizó a las primeras mujeres que darían de comer a los animales.

Décadas después el santuario está en plena forma con más fondos, energía y voluntarios que nunca. La zona puede ser visitada a diario. Un ejercicio divertido es permanecer un buen rato explorando visualmente el sitio. El número de gatos avistados aumenta vertiginosamente  minuto a minuto.

Vía atlasobscura.com

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