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15 octubre 2009 / germansierra

Aromas de Montserrat

Formas rocosas imposibles

Formas rocosas imposibles

El pasado lunes, día de la Hispanidad, estuve en Montserrat, lugar fetiche del nacionalismo catalán. Después de subir en cremallera (increible el despliegue de medios de Ferrocarrils de la Generalitat) y evitar el bullicio en la explanada de la abadía, que más que una construcción religiosa parece el falso decorado de un rodaje, caminamos por la montaña varias horas sobre unos itinerarios humanizados hasta la extenuación (algunas escaleras son, en pleno bosque, de hormigón).

Pese a la aglomeración humana y al barroquismo exhibidor de los gestores del parque -a los que gusta decorar con esculturas religiosas muchos puntos del recorrido- , el paisaje de Montserrat y las vistas desde sus más de 1.200 metros de altitud me parecieron una gozada. Piedras en las que se adivinan formas de animales, bosques imposibles sobre barrancos, senderos y una panorámica que se extiende hasta los Pirineos, el mar, la espalda de Barcelona y las grandes explanadas del Bages, el Vallès y el Baix Llobregat.

La gran desilusión fue comprobar cuan vendido al negocio se encuentra un lugar que antaño fue centro de agitación cultural y política. Tiendas de souvenirs, cafeterías, restaurantes, hoteles, mercados clónicos y hordas de gente. La posibilidad de subir a la montaña en coche particular a estas alturas también me pareció ridícula e ilógica teniendo en cuenta la calidad del transporte público entre Monistrol y la cima y su condición de parque natural. Aunque debo reconocer que fui de los primeros conductores que picó en el anzuelo y lo intentó, perdiendo la paciencia poco después tras minutos de espera y el poco consuelo de ver una hilera de coches infinita ante mí.

En cualquier caso, fue divertido volver después de 15 años, recurrir mentalmente a la inevitable comparativa entre el tamaño que recordaba y el que veía en la actualidad y tratar de averiguar por qué senderos anduve en el pasado, algo que se demostró imposible. Con todo, me sentí como en casa, de vuelta a un lugar que forma parte del imaginario de cualquier escolar catalán. Y todo, sin nostalgias…

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3 comentarios

Dejar un comentario
  1. Lucila / Oct 15 2009 20:38

    Qué difícil encontrar un lugar que no esté, ya, un poco contaminado, no? De todos modos, suena muy envidiable. Me da la sensación de que me quedó mucho por conocer por aquellos lados (también sin nostalgias).
    Lucila

  2. germansierra / Oct 16 2009 9:36

    Sí, es difícil encontrar algo salvaje en 60 km. a la redonda de Barcelona, pero siempre hay sorpresas. Supongo que en 60 km. a la redonda de Buenos Aires lo que es difícil es encontrar un simple descampado…

  3. Cano / Oct 16 2009 14:14

    Al menos las rutas de senderismo no están masificadas aún. Muchos turistas, y sobretodo los domingueros “chavas” que suben con el coche hasta la Moreneta misma, no se desprenden de la indolencia ni allí. Gracias a eso todavía nos queda algún rincón en impagable silencio donde se nos hace imposible concebir que hace millones de años este capricho de la naturaleza fue el delta de un río. Uno se siente muy pequeño allí. Y muy grande cuando al final del día te regalas “mel i mató”. Vaya que sí.

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