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4 diciembre 2009 / germansierra

Vals con Bashir desde el otro extremo del Mediterráneo

Post de Javier Medina Anquela

No era la primera vez que sobrevolaba la zona, pero nunca había reparado en que antes de llegar a Barcelona desde Madrid, si el día está despejado de nubes, puede distinguirse perfectamente el delta del Ebro desde el avión. Las construcciones humanas, cuando se las observa desde una altitud de 33.000 pies, son mucho más útiles para el espíritu de lo que lo son para el cuerpo estando en tierra. Tengo mucho que agradecerle a Ryanair, que me ha hecho comprender que las hormigas tienen un alma enorme; por otro lado, tengo que reprocharle a los irlandeses que, por su culpa, Praga ha dejado de ser una ciudad bohemia, en el sentido menos geográfico de la palabra.

Comenzábamos a descender hacia el aeropuerto de Girona. Los bosques estaban recubiertos del polvo dorado del otoño, la tenue luz de la tarde bien entrada arropaba con un visillo de transparente melancolía las copas de los marchitos árboles… Mientras, me preguntaba cuál sería el nombre de esos montes. Después de preguntar a G, de sobrevolarlos desde Talavera con Google Earth y tras saltar de la Vikipèdia a la ‘Web del Parc’, me doy cuenta de que el nombre, como cualquier otra aportación documental en este caso, es innecesaria, odiosa.

En los cinco días que estuve visitando a mis amigos de Barcelona hablé, hablé y hablé (words, words, words…). Mis ataques de verborrea cumplen con rigor su función de mantenerme distraído mientras las cosas importantes pasan. La detesto como detesto cualquier medicina, no es la panacea, pero ayuda. Unicamente callé, observé y escuché completamente cuando G dijo: “Mejor la vemos en hebreo, con subtítulos en castellano”. Confiaba en su opinión, de hecho sabía que la película me iba a gustar, y lo sabía mucho antes de que nos apoltronásemos en el sofá, a oscuras, para verla.

‘Vals con Bashir’ es una película de animación creada por su protagonista: Ari Folman (en este caso, la documentación ha resultado conmovedora). Vals con Bashir narra una vivencia personal de Folman, que nació en Haifa y tomó parte como soldado del ejército israelí en la Guerra del Líbano en 1982, cuando sólo tenía 19 años. Durante la contienda, cuyo objetivo era la expulsión de los palestinos del sur del Líbano, las milicias cristianas libanesas ayudaron a los israelíes en algunas operaciones contra los grupos armados de la Organización para la Liberación de Palestina.

La guerra se desarrolló con normalidad: muertes, injusticias, torturas, robos, violaciones, humillaciones… en fin, eso que llaman daños colaterales (colaterales para los que vemos la guerra desde casa, se entiende). Me encanta la escena de la película en el que un mando israelí dice “Bashir ha muerto” y le responden “¿quién es Bashir?”. Bashir Gemayel era presidente del gobierno de Líbano y líder de la Falange Cristiana, fue asesinado durante la guerra junto a varios miembros de su equipo de gobierno al estallar una bomba en la sede de su partido. Para controlar la caótica situación, Ariel Sharon ordena tomar la sección occidental de Beirut, capital del Líbano. Las tropas del estado semita rodean el campo de refugiados de Sabra y Chatila, dando apoyo a las falanges cristianas, que entraron en el campo armadas de fusiles, machetes y hachas, con la excusa de buscar posibles miembros de la OLP y capturarlos como prisioneros de guerra. Comenzaba a anochecer.

During the night the Israeli forces fired illuminating flares over the camps. According to a Dutch nurse, the camp was as bright as a sports stadium during a football game” (New York Times, 26 September 1982). No diré más, las cifras de la masacre son, para nosotros, números, cifras cuyo significado jamás podremos des-codificar. La película quizá no ‘merezca la pena’, en el sentido estricto de la expresión, porque la pena es inconmensurable y Vals con Bashir es una joyita que dura algo menos de 90 minutos. La veré de nuevo, para intentar entender algo. Observábamos algo ignoto que se escondía más allá del resplandor blanco de la pantalla del ordenador, tumbados en la oscuridad, en un mar negro de serenidad y olvido. Tumbados, digo, en el sofá.

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2 comentarios

Dejar un comentario
  1. Alicia / Dic 5 2009 0:18

    La veré. Saludos

  2. ivanitu!! / Dic 7 2009 0:34

    yo Tambe!!

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